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Al aire mi despedida

  Quiero decirte que sigo enamorado de ti. Tal vez ya lo sepas, pero han pasado tantos años y este sentimiento no desaparece. Podría darte los motivos, pero no serían suficientes.   Quisiera decirte que nada me haría más feliz que poder cuidarte, amarte, intentar hacerte feliz; a veces cocinar para ti, ayudarte, apoyarte en tus proyectos, crecer juntos… pero, ¿de qué sirve tener tanto para dar? ¿De qué sirve exponer mis sentimientos, mis emociones y todas las ganas que tengo, si no son correspondidas?   Solo serviría para recordarme que vivirás únicamente en mis recuerdos, en mis memorias, seguramente, en mis relatos y en el libro que quizá algún día llegue a publicar.   No quiero despedirme sin antes decirte que no hay mayor prueba de amor que liberarte de mis sentimientos. Solo deseo que seas plenamente feliz.   Y decirte, por primera y última vez… que te amo.   Adiós.

Nothing

There is nothing like the lips of your mouth. The bed sheets are filled with your scent. I love you every second you appear in my thoughts, like a beautiful scene. And you—every winter feels like spring; it’s warm. It is so warm that I hold you close in my arms. We fall asleep until our enemy, time, bites our feet. Now, unafraid, I divorce my loneliness and marry this feeling.

Hermosa rutina.

  Quiero morir en tu regazo, nacer en tu regazo y volver a morir en tu regazo. Quiero que nuestra vida esté llena de turbulencias, de desazones, de debates y de diferencias.   Quiero que, al final del día, compartamos la misma cama, los mismos olores, el mismo cansancio. Y que, al inicio del día, compartamos el mismo baño, la misma ducha, el mismo café.   Quiero que nos olvidemos carnalmente cada ocho horas, pero que nos encontremos en nuestros pensamientos, al menos cinco minutos, acompañados de una tenue sonrisa. Que nos evoquemos con un mensaje de texto, quizás con un inesperado “te amo”.   Qué más quisiera yo que desaparecieran los días laborales para poder charlar, darnos besos, nalguearnos y saber que, a pesar de los años, aún podemos decirnos, al final del día: “Te amo”.

Ilusiones

Era tan feliz al ver tu sonrisa. Tan feliz al entrelazar nuestras manos, al perderme en tu cabello, bajando lentamente hasta tu abdomen. Era tan feliz contando los lunares de tu cuerpo, olvidando —a propósito— la cuenta, solo para empezar de nuevo, una y otra vez, con amor. Era tan feliz devorando tu boca, sintiendo esa complicidad perfecta, sin palabras. Tan feliz en este pequeño cuarto donde el invierno no existía, y el mundo quedaba afuera. Era tan feliz… hasta que, contra mi voluntad, y dejando atrás hasta la dignidad, tuve que abrir los ojos.