Quiero
morir en tu regazo, nacer en tu regazo y volver a morir en tu regazo.
Quiero
que nuestra vida esté llena de turbulencias, de desazones, de debates y de
diferencias.
Quiero
que, al final del día, compartamos la misma cama, los mismos olores, el mismo
cansancio.
Y que,
al inicio del día, compartamos el mismo baño, la misma ducha, el mismo café.
Quiero
que nos olvidemos carnalmente cada ocho horas, pero que nos encontremos en
nuestros pensamientos, al menos cinco minutos, acompañados de una tenue
sonrisa. Que nos evoquemos con un mensaje de texto, quizás con un inesperado
“te amo”.
Qué
más quisiera yo que desaparecieran los días laborales para poder charlar,
darnos besos, nalguearnos y saber que, a pesar de los años, aún podemos
decirnos, al final del día: “Te amo”.

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