Ir al contenido principal

CAPÍTULO 1: El encuentro



Estaba llegando al punto de encuentro en el atardecer de sus últimos suspiros y estaba llegando amenazante la noche... La vi, estaba muy tranquila pero emanaba nerviosismo, yo no podía creer lo que veía, me gustó al verla ahí parada, esperando mi llegada, esperando a aquel chico que había conocido por internet y sin saber como era o quien era, ella me esperaba, con su sonrisa y su nerviosismo. Me encantó, no podía creer lo que veía... era... era... era lo estaba buscando, alguien con su ojos, su altura, sus lentes, su cabello... ¡me facinaba! encajaba a la perfección todo lo que buscaba en una mujer, cuando me acercaba poco a poco en cada paso sentía mis latidos mas fuertes y pesados, sudaba frío, hubo un momento en el cual pensé en irme, pero me iba a sentir como un cobarde hasta que me arme de valor y me acerqué a ella, mi mente entró en conflicto con mi corazón, ¡estaba recontra nervioso! ¡No sabia que hacer! y le dije un "hola" muy nervioso, no pude pronunciar mas y mi boca se cerró de inmediato, ella por su parte me saludó con un hola tímido y nervioso, nos quedamos callados por más de 15 minutos, éramos dos personas irremediablemente tímidos.. ella más que yo llegué a creer, pero comenzamos a hablar con naturalidad pues en nosotros la confianza creció tan rápido como la espuma, nos reíamos a carcajadas conversamos tanto que las horas parecía un destello de luz, cuando vimos la hora, era demasiado tarde y nos teníamos que despedir, es despedida amarga y cruel que tienen que pasar muchas personas que no se quieren ir.

Esa misma noche, los dos enamorados, resultaba que alguien era más tímida que el  otra, mientras uno solo pensaba en que pasaría en la despedía la otra persona ya sabía lo que iba a pasar. Yo que pensaba era el menos tímido pero resultó ser al revés, no me lo pude imaginar. Al cabo de 5 minutos de decirnos "hasta luego" y soltar unas cuantas risas yo me disponía a irme cuando de pronto sucedió algo inesperado pero que me encantó... ¡Cogió mi brazo y me giró! ¿para qué? para nada más y nada menos que darme ¡un beso!  un sublime beso de esos que te hacen querer que dure una eternidad... de esos ¡No lo pude creer! cuando nos separamos me miró tímida y se sonrojó me dijo "Te quiero mucho" yo pensaba que era muy tímida pero resultó que el más tímido fui yo, esa noche al despedirnos fue maravilloso.

Cierro los ojos y los recuerdos está frescos en mi mente y en mi corazón, es difícil de borrarlos, es difícil de echarlos a la basura y ya, es difícil pero no imposible...

"Me gusta más cuando te sueño... entonces hago de ti lo que quiero." - Juan Rulfo

Ahora que eh terminado les cuento que publicaré cada 5 días, aparte publicaré otras cosas divertidas que estoy seguro que le gustará, espero que les sea de su agrado.


Buenas noches.


Salu2 :)

Entradas populares de este blog

Fugaz

una noche inolvidable, en mis noches solitarias, junto a mi compañera, la luna; vi un resplandeciente atardecer, tan bella, tan hermosa, me recordó que la felicidad no dura más que la gota de excitación llegando al cuello, cautivo por su belleza; desapareció cual estrella fugaz que fue, desde ese momento, mi mente está lleno de colores y felicidad, pero la noche aún no desaparece .

Fortuito, pero feliz

Con nuestro encuentro fortuito en aquel bar llamado “el pecado sin fundador” recuerdo que utilizabas frases erróneas y a veces con nada de sentido a propósito para poder estar a gusto, con tus sonrisas honestas como un plato de veneno, así seguiste, con verdades invertidas. Te llevé a aquel hotel con grandes vistas, muy lujoso para mi gusto, el nulo eco que había hacía parecer que fuese un bribón, con el pecado consumado y con el cigarrillo a medio acabar hice una sonrisa, sabía que había superado un mal momento que estaba viviendo. Tú, con tus extrañas mentiras decidirse disfrutar del espectáculo que nos daba la habitación. Terminamos en caminos invertidos, quizá con una fugaz felicidad, pero ya olvidados.

Miradas transeúntes

  Que dicha el beso osado que nos damos, cuando nuestros acompañantes en un segundo se distraen; charlamos, debatimos, nos reímos a carcajadas y nos embriagamos. En ese instando, cuando el tiempo y las personas pasan a un segundo plano… desaparecemos. Inexorablemente aparecemos en el baño, con la mirada perdida e implacable codicia, nos volvemos enemigos del silencio, en tan frenética posesión acabamos descuartizados y casi taciturnos. Calmados y sensatos (como deberíamos ser), cada uno va por su cuenta hacia la mesa “amical”, enfrentándonos a nuestras aflicciones, nuestros pesares y desdichas; vagamente reímos y nos despedimos sin poder tocarnos más que con las yemas de los dedos.