Ir al contenido principal

El amor para mi a muerto


El amor para mi a muerto



El amor para mi a muerto;
y lo confirman los días que pasaron
de ser colores vivos a colores fríos

Desde que la Luna se hizo mi mejor amiga
y la soledad mi compañera eterna.


El amor para mi ha muerto;
y lo confirman mis ojeras que
ahora dibujan mi cara ya marchita

Desde que aquella noche de abril,
en la cual me dijiste que ya no me amabas.


El amor para mi a muerto;
desde que mis lágrimas se volvieron ríos
que navegaban en mi rosto
y no terminaban en el mar de la felicidad.

Desde aquel momento en el que;
mi sonrisa me abandonó por cobardía.


El amor para mí a muerto;
desde que el amor ahora,
para mí,
es un tragamoneda que dura un instante
y que nunca terminará en el amor.


Entradas populares de este blog

Fugaz

una noche inolvidable, en mis noches solitarias, junto a mi compañera, la luna; vi un resplandeciente atardecer, tan bella, tan hermosa, me recordó que la felicidad no dura más que la gota de excitación llegando al cuello, cautivo por su belleza; desapareció cual estrella fugaz que fue, desde ese momento, mi mente está lleno de colores y felicidad, pero la noche aún no desaparece .

Fortuito, pero feliz

Con nuestro encuentro fortuito en aquel bar llamado “el pecado sin fundador” recuerdo que utilizabas frases erróneas y a veces con nada de sentido a propósito para poder estar a gusto, con tus sonrisas honestas como un plato de veneno, así seguiste, con verdades invertidas. Te llevé a aquel hotel con grandes vistas, muy lujoso para mi gusto, el nulo eco que había hacía parecer que fuese un bribón, con el pecado consumado y con el cigarrillo a medio acabar hice una sonrisa, sabía que había superado un mal momento que estaba viviendo. Tú, con tus extrañas mentiras decidirse disfrutar del espectáculo que nos daba la habitación. Terminamos en caminos invertidos, quizá con una fugaz felicidad, pero ya olvidados.

Miradas transeúntes

  Que dicha el beso osado que nos damos, cuando nuestros acompañantes en un segundo se distraen; charlamos, debatimos, nos reímos a carcajadas y nos embriagamos. En ese instando, cuando el tiempo y las personas pasan a un segundo plano… desaparecemos. Inexorablemente aparecemos en el baño, con la mirada perdida e implacable codicia, nos volvemos enemigos del silencio, en tan frenética posesión acabamos descuartizados y casi taciturnos. Calmados y sensatos (como deberíamos ser), cada uno va por su cuenta hacia la mesa “amical”, enfrentándonos a nuestras aflicciones, nuestros pesares y desdichas; vagamente reímos y nos despedimos sin poder tocarnos más que con las yemas de los dedos.