Desde que te fuiste, aquel 14 de Septiembre del año que no pienso recordar, no me quedó más que la casa en ruinas.
Desde que te fuiste negándome tu amor mutuo, mi cuerpo se volvió huérfano de tu calor, mis labios dejaron de proba el néctar del amor y los riachuelos que brotan de mis ojos recorren sin tener a donde llegar.
Mi corazón no entiende razón, no comprende el motivo de tu partida y se refugia en sus latidos.
Eras aquella persona que todas las mañanas mi sonrisa se desesperaba por aparecer, tenías el poder de alumbrar cada rincón de esta casa ya abandonada.
Desde que te fuiste, la cama ya no hace una fiesta cuando te asomas, al contrario, es un mar sin fin que padece de olvido, las almohadas ya no tienen recuerdos y las sábanas marchitas se mueren por el moho.
La cocina se derrumba con mi presencia, el ambiente con olor a tu ausencia me hace recordarte y la melancolía me abraza en mi llanto.
La oscuridad, junto con mi soledad son las que me acompañan cuando llego del trabajo.
Cada día que pasa, es una odisea llena de lamentos en el cual un protagonista como yo no puede salir de esta tormenta.
Días tras día esta sonrisa invertida no hace más que reflejar su ausencia en mi vida, pero yo, aquí, sentado, casi moribundo, esperando tu regreso lleno de fe y esperanza, no hago más que mentirme y esa esperanza que me queda se pierde.
