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Una nueva vida

Si, así es, deseo una nueva vida. 
¿Para qué?
 Para volver a sentir lo que es el amor;


Para volver a sentir la inocencia que 
alguna vez me caracterizó; 
para replantear muchas cosas en mi vida 
y volver a encontrarme con aquella persona 
que me hizo tan pero tan bien que me 
hacía olvidar mis preocupaciones; 
pero el miedo y el temor jugó en contra, 
siempre con sus afiladas conclusiones 
tan difíciles de descifrar, a veces me perdía 
pero ella, con su amor me encontraba y 
me mostraba la salida.

Deseo una nueva vida, donde pueda ser alguien
 donde pueda luchar por alguien y 
no refugiarme entre líneas de escritor frustrado. 

Una nueva vida para poder realizar muchas 
cosas y cumplir muchos sueños tirados en el camino,
 una nueva vida llena de felicidad y de amor fraternal.

Una nueva vida para ver aquello que no 
pude ver cuando estuve cegado por los celos 
y la inconformidad de mi vida, 
deseo una nueva vida donde pueda 
atesorar aquello que tan bien me hizo 
en mi vida en un tiempo atrás.

Una nueva vida eso es lo que deseo 
para que nosotros, nosotros que no amábamos 
tanto pudiéramos volver a ser los mismos de antes, 
realizar cosas grandiosas y significativas, 
una nueva vida para amarnos eternamente.

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Fugaz

una noche inolvidable, en mis noches solitarias, junto a mi compañera, la luna; vi un resplandeciente atardecer, tan bella, tan hermosa, me recordó que la felicidad no dura más que la gota de excitación llegando al cuello, cautivo por su belleza; desapareció cual estrella fugaz que fue, desde ese momento, mi mente está lleno de colores y felicidad, pero la noche aún no desaparece .

Fortuito, pero feliz

Con nuestro encuentro fortuito en aquel bar llamado “el pecado sin fundador” recuerdo que utilizabas frases erróneas y a veces con nada de sentido a propósito para poder estar a gusto, con tus sonrisas honestas como un plato de veneno, así seguiste, con verdades invertidas. Te llevé a aquel hotel con grandes vistas, muy lujoso para mi gusto, el nulo eco que había hacía parecer que fuese un bribón, con el pecado consumado y con el cigarrillo a medio acabar hice una sonrisa, sabía que había superado un mal momento que estaba viviendo. Tú, con tus extrañas mentiras decidirse disfrutar del espectáculo que nos daba la habitación. Terminamos en caminos invertidos, quizá con una fugaz felicidad, pero ya olvidados.

Miradas transeúntes

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